La duda más común no es si el sistema sirve, sino qué pasa con lo que ya existe: años de carpetas, un talonario a medio usar y un equipo acostumbrado a su forma de trabajar. La respuesta corta es que no hay que mover nada de golpe.
No, y conviene no hacerlo. Lo habitual es empezar por los pacientes que vuelven: cuando uno llega a consulta, se crea su ficha en el sistema y de ahí en adelante todo queda digital. El archivo antiguo se queda donde está, como respaldo, y deja de crecer.
La información no vive en la computadora de la clínica, sino en la nube, así que un apagón no la pone en riesgo. Mientras no haya conexión no se puede entrar, igual que con cualquier servicio en línea; en cuanto vuelve, todo está donde se dejó.
El sistema se usa desde el navegador y cada rol ve solo lo suyo: recepción trabaja con la agenda y los pacientes, sin entrar a lo clínico. No hay que instalar nada ni aprender un programa complejo.
Se pueden fotografiar y subir a la ficha del paciente, junto con documentos y fotos. Quedan asociadas al paciente y a su fecha, en vez de en un sobre.
La ficha está donde tiene que estar, y no depende de que alguien la haya devuelto a su gaveta.
Una sola agenda para toda la clínica, con recordatorios automáticos por correo.
Los comprobantes salen del sistema con su secuencia al día, en vez de un talonario y una libreta.
Ingresos del mes y procedimientos más realizados, sin sumar a mano.
Entonces el punto de partida es otro: de Excel a DentaMatrix. O revisa qué incluye el sistema.
30 días gratis, sin tarjeta. El archivo de papel se queda como respaldo y deja de crecer.